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martes, 24 de agosto de 2010

Hombreras de fantasia: un encargo muy orco

Parte primera: Un encargo atípico

Cuando alguien te encarga algo, espera que el acabado sea esmerado, el aspecto impecable y el precio asequible. Pues bién, la destinataria de estas piezas, seguia queriendo el precio asequible, pero el aspecto debía ser bruto, tosco, sucio... en una palabra Orco.

Hacer unas hombreras de aspecto orco no requiere de grandes conocimientos historicos sobre armaduras, pero si conceptos básicos como la articulación o la fijación.

La inspiración para acometer esta pequeña locura, me vino de las hombreras de una lorica segmentata romana, pero articulada de modo que caiga sobre los hombros, dando un aspecto a la vez brutal y tosco. El que deje aberturas por donde entren las puntas de las armas es totalmente secundario, su uso será para juegos de soft combat y en ocasiones para teatro, así que las pintas mandan sobre la autenticidad.

Parte segunda: Cortando y doblando

Una vez con el concepto y algunos diseños preliminares terminados, la cosa era cortar chapa: a saber, 4 planchas de 15x25 y 4 de 15x10.


Un vez con las partes en nuestro poder, tratandose de chapa de 1 mm de grosor, se le ha practicado un doblado de bordes básicamente por dos motivos:

-Para darle mayor rigidez a la pieza, y que no se doble como papel de aluminio.

-Para evitar convertir una armadura en un arma ofensiva capaz de cortar como una cuchilla.

El metodo clásico requiere de equipo, paciencia, un buen martillo... Por otra parte, el metodo tornillo de banco requiere un tornillo de banco y ojo para doblar lineas rectas.



Por supuesto, una vez doblado todo con el tornillo, hubo que rematar el asunto a martillo para acabar de cerrar la cosa. El resultado, 100% satisfacción del usuario.


Con el asunto doblado, solo queda perforar las chapas en el sitio adecuado, para poder pasar luego los remaches de las correas que articularán y sujetarán el asunto.


Con todos los agujeros hechos hay que montar (de forma temporal) con correas de cuero y tornillos al menos una de las hombreras, se está a tiempo de mandarlo todo al carajo sin perder horas de trabajo. En este caso, contra todo pronóstico, las cosas encajaron a la perfección.


Parte tercera: Orquizando (no, no es un verbo que admita la RAE)

Una armadura de orco, tiene básicamente un elemento que nos viene a la mente: mugre y oxido para parar un tren de mercancias.

Podriamos dejar oxidar la chapa, pero eso, aparte de acabar por destruirte la armadura, mancha que es un primor.

Por lo tanto, aplicaremos el proceso del pavonado-churro o del protector antióxido (ver entrada anterior).

Para este metodo necesitaremos primero, mojar con salfuman toda la superficie de la chapa, con un trapo y mucho amor. Luego, lo dejaremos toda la noche a oxidar para conseguir el siguiente aspecto.


Finalmente, cuando ya tenemos el tema bien asqueroso, con un pincel y el producto que convierte en oxido en "una pelicula protectora negra", le damos de la forma mas irregular posible, evitando pinceladas (pintar aplastando el pincel de punta suele funcionar). El producto entonces, se convierte en algo parecido a un oxido negro, con abundantes aguas y un aspecto guarro de lo mas adecuado para nuestro cliente.


Lo último de lo último, remachar correas de cuero, dos en cada hombrera para el articulado, una para fijarlas a un gorjal y otras dos para atar las hombreras al brazo y que no salgan volando con el movimiento.

ENDE

miércoles, 24 de febrero de 2010

Hombreras II: De como sin saberlo aprendí a jurar en varios idiomas

¡Segunda y ultima entrada de estas hombreras, más experimento que otra cosa

He aprendido no pocas cosas sobre como trabajar chapa y además, puedo decir que estoy más cerca del proyecto que ha iniciado este berenjenal: unas hombreras milanesas del s. XV. Pero no adelantemos acontecimientos.

De momento, las hombreras básicas, sus pros, contras y el resultado final.

1. Esto de pulir va a ser jodido

Viendo el horrendo mapa lunar que eran mis hombreras, me propuse planificar lo mejor que pude el metal, sobre un trozo de hierro que me hace las veces de yunque con un guante de serraje en medio para no marcar (más) el metal.

Con paciencia y herramientas que podemos calificar de inadecuadas conseguí corregir lo más flagrante del asunto, y entonces henchido de orgullo decidi dar la primera pasada de lija.

Monte el disco de caucho en el taladro y en el una lija para metales del 50 (para un primer tratamiento de choque) y realicé la primera pasada. Este hecho que a algunos les puede parecer trivial me costo algunos de mis primeros juramentos en arameo y copto, pues esa superficie que parecia solamente facetada revelaba tener un perfil similar a Sierra Morena u otras cordilleras de renombre.

Aqui las estribaciones iniciales del a meseta

Y aquí los Balcanes en todo su esplendor

Sin amilanarme por ello, marque las zonas más problematicas y procedi a un nuevo planificado de la chapa, con mucho amor e infinita paciencia, y luego de nuevo otro lijado de 50.

Algo debía bullir en mi mente cuando exabruptos en mongol y finlandes acudieron a mi boca. No solo el resultado seguía sin ser ni remotamente el apetecido, sino que me estaba comiendo el material que daba gusto.

En fin, de perdidos al rio, así que le di una pasada a aquello con disco de 120 y luego, a falta de discos especificos de menor grano, fabriqué uno con tela esmeril 000 y deje ambas piezas lo más pulcras posible (que no era mucho). Luego unas frotaditas de estropajo verde y WD40 y a lamentarme a otro lado (entre maldiciones en Sumerio).

Bueeeno, tampoco es tan horrendo


2. ¡Agujeritos a mi!

Este es el paso más breve de todos, en total son 11 agujeros con una broca del 5 en las 4 piezas que conforman cada hombrera (22 agujeros, que significa 22 remaches).

La cosa no tiene más truco, marcar los agujeros iniciales en la pieza del hombro y de ahi ir bajando procurando que todos queden alineados.

Es importante no hacer los agujeros demasiado hacia el exterior para evitar que las piezas pivoten y habran boquetes entre ellas (Axil dixit), pero tampoco hay que hacerlos muy centrados, pues entonces la movilidad queda reducida dramaticamente.

Adicionalmente, haremos 4 agujeros con broca del 2 bien equidistantes en la lama más baja de cada hombrera: 2 centrados y 2 en los extremos y en la parte más baja de la lama los 4.


Veanse (fijandose mucho) los pequeños agujeros
3. El latón peleón

Y aquí llegamos a la innovación ¿Que sería de los blogs de armadureo sin la innovación?

En este caso también queria experimentar las decoraciones de las armaduras, y francamente, grabar al ácido queda fuera de lugar en un piso de ciudad. Así que, me decidi por el latón (que casualmente tenia en plancha de 0,8 mm tirado por casa).

Lo primero es preparar la pieza de latón a colocar en 3 sencillos pasos:

Primero- Utilizando el patron de las lamas marcamos y cortamos una primera pieza, que replicamos a continuacion, ojo, es importante no cortar la pieza exacta que queremos, si no dejar al menos unos milimetros de margen para poder adaptarlo bien a una pieza de metal curvada.

Segundo: Decorar las piezas de latón, en mi caso con un cincel y un martillo hice marcas verticales (mas o menos) equidistantes. Hay que evitar emocionarse y golpear demasiado fuerte, cortar hierro con cincel es una tortura, cortar latón extremadamente facil.

Tercero: Después de repetir y decorar las piezas que nos hayamos cargado en el proceso de decorarlas del paso segundo (y soltar un par de tacos en bantú), procedemos a montarla.

Para el montado primero he perforado un solo agujero en la pieza de latón, procurando que coincida con uno de los agujeros centrales de la lama, ya que al tener la misma forma hay que hacerla coincidir lo mejor posible (de lo contrario es totalmente antiestético), perforado este agujero, preparamos nuestro remache. En mi caso unos clavitos de bronce amarillo preciosos que tenia criando polvo en casa (clack, un corte de cizalla y remache listo).

Lo siguiente es colocar este remache en su sitio, y darle unos golpes para que pase de clavo cortado a remache en activo. En este momento pasan tres cosas.

Primera: Aplastas la cabeza del remache contra la superficie dura donde lo apoyas.

Segunda: Tuerces el remache y te cargas una nueva pieza de latón al mismo tiempo que provocas un bollo a corregir en la lama.

Tercera: Los insultos en javanés empiezan a formar parte habitual de tu vocabulario.

Para corregir esto hay que tomar dos medidas, primero con una broca y mucho cariño hacer un hueco donde apoyar la cabeza del remache. Y segundo, pero no menos importante, golpear al bronce de 2 mm de diametro con muuuuuuuuucho mas cuidado que cuando se intenta remachar un clavo de hierro de 4 mm. Los desquites en serbocroata son opcionales.

El "yunque" profanado

Y con esto y un bizcocho, perforando los agujeros de uno en uno en el laton y adaptando tan miserrimo grosor con los mismos dedos, tenemos lo siguiente:


Ahora solo nos queda repetirlo otra vez.

5. El montado (cuero y remaches y toda la história).

Lo primero de todo, comprobar que tras tantas adaptaciones, cambios, planificadios, decoraciones, sinsentidos y palabras malsonantes en idiomas varios, la cosa sigue encajando con un mínimo de grácia.

Quedaban tan bonitas, que estuve tentado de dejarlas tal cual...

Visto que todo esta como debe, pintaremos el interior con spray negro (no, no es histórico y si, si es práctico, mucho más que el muy histórico óxido)

Después prepararemos las tiras de cuero, procurando que las cuatro sean identicas para no dar lugar al efecto "hombrera cheposa", donde la de un lado queda mucho mas alta que la del otro.

El proceso de remache es simple, desde el interior colocamos en la lama más baja de todas (a la que las sucesivas se irán superponiendo) tira de cuero, arandela y remache por este orden.

Luego remachamos desde el exterior, intentando dejar el remache lo mas plano posible, para que no entorpezca el encaje de las lamas. Repetimos el proceso en el otro agujero.

Ahora viene el truco, colocamos la segunda lama a continuación, y fijamos un agujero con tornillo y tuerca, para que no se mueva y no se tuerza la lama (creedme que es jodido enderezar algo remachado a conciencia), y remachamos el otro agujero. Retiramos el tornillo, y repetimos.

Seguimos liandola... si es que no se puede evitar


Este paso se repite hasta llegar a la pieza del hombro, con ambas hombreras. Es posible que durante el proceso aprendais a blasfemar en idiomas tan bellos como el inuit, el maorí o el chino cantonés, merced al sacrificio de vuestras uñas y dedos.

Resulta más vistosa de lo que aparentaba al principio

Terminado el remachado de todas las piezas, y verificando que la cosa cuadra, procederemos a colocar las correas, una en la parte superior con su correspondiente hebilla para fijar la hombrera al gorjal y la otra (doble) en la parte inferior para atarla al brazo (tened cuidado de medir el perimetro de vuestro biceps, con gambesón y añadirle de cuatro a seis centimetros por precaución).

Poner correas no es lo más complicado

Parece que todo esta en su sitio

Y supongo que es de justicia mostrar el resultado final de tamaña obra, que nos ha hecho aprender lindezas en una variedad de idiomas inusituada.

Valga decir que no aprendimos palabras gruesas en lapón ni en swahili, debido a que la cosa al final quedo como se puede ver a continuación

Lo del polar es pura pereza de sacar el gambesón del armario

Mobilidad probada, van de lujo

Conclusiones:

-Estoy un paso más cerca de las homberas milanesas, incluso de alguna que otra pieza algo más compleja de armadura.

-Aprender idiomas es un mundo, cierto es que la letra con sangre entra.

-Es mucho más rápido trabajar si no hay vecinos ni horarios que limiten el ruido que metes.

Y esto es todo, veremos que hacemos para la próxima.


domingo, 21 de febrero de 2010

Hombreras I: Quién me mandaría a mi...

Realmente, con lo bonitas que me han quedado las escarcelas, y lo bien que se trabaja la chapa sin querer hacerle cosas raras... Es que raising, dishing, flaring y otros que me callo parecen nombres de varias filias sexuales que despues de esto de las hombreras creo que estan intimamente ligadas con el masoquismo.


1. Marcar y cortar (esto no es una peluqueria)

Este estadio es una especie de flashback. Me explico: marque y corté las piezas de las hombreras antes que las de las escarcelas tirando de estos simpáticos patrones.

El avispado lector se habrá percatado, que antes que meterme con los hombros, me dio por el protegerme el muslamen, y es que meterse a hundir chapa (por muy de 1 mm que sea) sin tocón de hundir ni estaca de levantar, pues me echaba un pelín para atrás.

Marcar...

...Y cortar

Pero claro, aquello estaba ahi cortado, mirandome con ojillos de pena (y juro que no estaba bajo los efectos de ninguna sustancia estupefaciente que no fuera WD40), así que haciendo gala de una profunda y bien cimentada temeridad, me lancé a ello.


2. Una de Arena

Mi instinto se puso a buscar una manera de tener donde hundir sin desgraciar el suelo de mi casa, y buscando en esta fiable fuente, además de viendolo en algunos videos del maestro Dubé, la semilla de la perdición quedaba sembrada en el fertil suelo de mi arrogancia (poético ¿verdad?).

La solución era usar un saco de arena, donde ahuecar para poder golpear debidamente y dar forma a un trozo de chapa.

El proceso fue ir a la playa armado de un par de bolsas, arramblar con unos 5 kg de arena mas o menos gruesa, y luego meterlo en un pedazo de tela del mas adorable y resistente sintético que tenia por casa.

Aquí la arena, dentro de tres bolsas sucesivas

Aqui "Arenito", o saco de las hostias


3. Maltrato al metal

Armado de un optimismo sin fin, a la par que de un martillo de chapista (de los de cabeza redonda por un lado y bola por el otro), me dispuse a golpear con saña sendas piezas para mis hombros.

La cosa al principio parecia fácil, pero llegado a un límite aquello ya no se podia doblar más sin caer en el temido "efecto matutano", donde la chapa cercana a los bordes tiende a hondularse sin demasiado control, lo que luego es una faenaza de rectificar (contad decenas de golpes adicionales por cada pliegue)

Al final, no conseguí toda la curvatura deseada, pero como uno se desanima facilmente, decidí con todo el morro del que fui capaz, que ya me iban bien así (además eran casi totalmente simetricas ambas piezas)

Y llegamos al estado actual: Planificar (o planishing, otra de esas raras filias).

Como "martillero" inexperto que soy, sometí a la chapa a tal maltrato, que una abundancia de bultos y desafortunados accidentes orográficos en chapa convertía la intención de pulir sin planificar una tonteria del tamaño de un campanario, así que el siguiente paso, que me reservo para la próxima entrada, sera arreglar ese desaguisado.

¡Puedo explicarlo señor juez! (bueno no, no puedo)

4. Las lamas (harina de otro costal)

Las lamas, ojala todo fuera tan fácil como unas lamas de chapa de 1 mm. Fue cortar, pulir los bordes, y doblar con las manos sobre el martillo gordo de goma para dar un buen rádio de curvatura.

Ajustarlas posteriormente no será dificil, y hasta he hecho algunos experimentos prévios con diversas aberturas, además, siendo chapa pulida, doblado con esa cara precisamente como dorso, todo eso que me ahorro en trabajo de lija.


Es que hasta da como cosa hacer algo con tanta facilidad...

Para la próxima entrada sobre hombreras, hablaremos sobre su correcta articulación, perforado, remachado y otras sandeces propias de un servidor, así como de alguna decoración adicional.

Que Dios nos pille confesados.

jueves, 13 de agosto de 2009

El babero metalico (II): poniendo el metal en el babero

Despues de tan largas jornadas sin aportar nada nuevo, voy a dar un par explicaciones:

explicación 1: Cuando vas de culo vas de culo...

explicación 2: ademas son un poco perrete.

Pero vamos al tema!

1- Jugando a las chapas

Tomando las medidas al babero, y calculando donde va a ir el metal, conviene hacerse en papel un pequeño esquema de distribución. Siendo la mia un "coat of plates" primigenio, para poder lucirlo en pleno siglo XIII bago una loriga como esta mandado, las placas debian ser de buen tamaño. En mi caso 3 placas de altura por 3 de anchura (5 en la parte blanda del michelín).

Para no errar, lo mejor es hacerse una plantilla de papel con la forma y tamaño de una placa, para luego transportarla a la chapa. Hasta aquí facil, de verdad.

Luego "solo" hay que recortar chapa de 2 mm, pulir sus cantos, perforar 4 agujeros en cada una y listos para unir cuero y metal.

Y una vez más, de todo el proceso hasta aqui, en parte por el tiempo que hace que lo llevé a cabo, en parte por la emoción misma de llevarlo a cabo: NI UNA TRISTE FOTO (ni siquiera la plantilla de papel que escaneé antes que mi scanner pasara a ser un molesto pisapapeles king size).

2- Marcando

En esta parte debemos rendir pleitesia a cierta marca de liquido corrector, que hara nuestra vida más facil ¿Ha probado alguien marcar sobre algo teñido de negro? Pues eso.



Colocando las placas de metal en su disposición final, marcaremos a traves de los agujeros que lucen estas, para luego poder colocarlas una a una sin volverse loco.

3- Un poco de pintura ahorra mucho oxido

Este punto es bien breve, pero una imagen vale más que mil palabras.


Un poco de pintura en spray en el lado de la chapa que esta contra el cuero nos salvara de ponernos churretosos de oxido. Recordad que es una zona harto dificil de en su acceso y mantenimiento.

4- Fijando el metal

Desperataremos un poco de controversia en esta parte. Muchos me dirán que el metal contra el cuero queda mucho mejor remachado, y la verdad es que razón no les falta. La razón por la que mi "babero" va a ir cosido en vez de remachado responde a que es mucho más practico, rápido y no exige tanta resistencia al cuero (recordemos que es serraje, un remache y su arandela pueden cargarselo con más facilidad de la que uno pueda pensar). El otro motivo es el reciclaje, si algún dia esta pieza se rompe, poder reutilizar las placas con facilidad y unas tijeras para irlas soltando.


Por tanto, y sin más dilaciones, cosemos las placas en su sitio previamente marcado y listos.


En la proxima entrega del babero blindado, hablaremos de los correajes que son necesarios para fijarse semejante armatoste al cuerpo, y como narices ponerselo debajo de la loriga sin quedar enredado de forma irremediable en la misma.

viernes, 19 de septiembre de 2008

Cuero y placas I, o como hacerse un babero blindado

Después de muchas entradas dedicadas a cosas peregrinas, como armas y utillaje civil, volvemos a los orígenes.

En esta ocasión me voy a poner manos a la obra en reproducir una armadura mixta, de cuero y metal. Se parece a las brigandinas y es un prototipo o modelo antiguo de la llamada “armadura de Visby”.

El modelo que me propongo llevar a cabo es mucho mas sencillo que la anterior, pues solo son pequeñas placas cuadradas de metal remachadas en una suerte de delantal de cuero. Su nombre en ingles es coat of plates, pero no me parece propio traducirlo como un "abrigo" de placas...

Si bien hay documentación al respecto, la evidencia artística (miniaturas en manuscritos y esculturas) nos deja muy pocas evidencias. El motivo, según se explica en el “Konungs skuggsjá” (manuscrito noruego de 1250) es que dichas armaduras cubrían desde la altura de los pezones (el del fondo, no se ría) hasta el cinturón, y se llevaban por dentro de la loriga. (si buscáis el titulo ese raro podréis encontrarlo en inglés por la red).

Empezando que no es poco: La base

Lo primero ha sido agenciarse el cuero para el dicho delantal. Una armadura mixta no es mixta si nos falta uno de los materiales.

Preguntando precios de cuero, y viendo que no podía ser algo muy pesado o voluminoso, descarte la vaquetilla y otros cueros más rígidos. El serraje parecía ser lo mas adecuado, pero el precio de adquirir una pieza entera sigue siendo algo que prefiero evitar.

La solución se presentó sola, tan clara como una ecuación matemática: mi cuñado es soldador, los soldadores usan delantales de cuero bastante flexibles… Si, mi cuñado me consiguió uno (lo sé, no tengo vergüenza).

Este delantal se presenta en un tono paliducho poco atractivo, y según pone la etiqueta es “cuero de descarne”, lo que el comprador de pieles medio (y el vendedor ya de paso) llama serraje. El tamaño es casi el ideal, y además con muy poco trabajo se puede eliminar el velcro y la hebillas, que francamente, practicas pero muy poco de época.



Cortando

Una vez eliminados los elementos demasiado contemporáneos, es el momento de hacer la parte mas arriesgada:

-Adecuar el tamaño de la pieza al largo apropiado (un poco por debajo del cinturón es bastante, no hace falta que te cubra el muslo).


Corta un poquitin de más y te vas a encontrar con que no tienes cuero ni para la parte de arriba de un bikini (y seamos francos, un bikini medieval... y en un tío con todas sus barbas…). Por fortuna, el presagio de la catástrofe, como para confirmar la regla, fue esta vez la excepción.

Teñido

Por fin tenemos una pieza de cuero que nos puede servir ahora mismo de babero, o como base de una futura armadura. Pero con semejante color da poca sensación de salud, y además no deja de soltar pelusa.

Para cambiar el aspecto externo (y digo externo, porque con teñir la parte de fuera me va a bastar, pienso yo en mi ingenuidad), nada mejor que un buen tinte para piel, en esta caso la fantástica y nunca bien ponderada “Súper Tinta Rápida” del fabricante Tarragó embotellada aptamente en botes de medio litro.

Pero antes de aplicar nuestra Súper Tinta, lo primero es limpiar bien el cuero con alcohol y una esponja que arrastre residuo, para dejarlo evaporar luego.

Seca la pieza y una vez limpia, se trinca un pincel ancho y de precio económico (porque después de esto ya puedes tirarlo directamente) y nos pondremos a dar pinceladas cortas pero briosas al cuero. Bien teñido es el momento de dejarlo petrif… secar a fondo para que no hay sorpresas a la hora de trabajar con el.




Pero señoras y señores, sorpresa… La piel es demasiado porosa o el tinte penetra demasiado, así que el trabajo que pretendía ahorrarme, es ahora obligatorio (no quiero que mi armadura sea una vaca por dentro francamente…)


Y aqui, despues de arreglar el anterior desaguisado, puede verse como le aplicamos el mismo trato al retal del que fabricaremos nuestras fantasticas correas.


Ahora tenemos las dos piezas bien teñidas de negro, que si bien hay alguna diferencia de tono no resulta importante (todo con tal de quitarle ese color lechoso, que grima de verdad), podremos pasar al tema de la siguiente entrada:

Cuero y placas II: poniendole correas al asunto