He aprendido no pocas cosas sobre como trabajar chapa y además, puedo decir que estoy más cerca del proyecto que ha iniciado este berenjenal: unas hombreras milanesas del s. XV. Pero no adelantemos acontecimientos.
De momento, las hombreras básicas, sus pros, contras y el resultado final.
1. Esto de pulir va a ser jodido
Viendo el horrendo mapa lunar que eran mis hombreras, me propuse planificar lo mejor que pude el metal, sobre un trozo de hierro que me hace las veces de yunque con un guante de serraje en medio para no marcar (más) el metal.
Con paciencia y herramientas que podemos calificar de inadecuadas conseguí corregir lo más flagrante del asunto, y entonces henchido de orgullo decidi dar la primera pasada de lija.
Monte el disco de caucho en el taladro y en el una lija para metales del 50 (para un primer tratamiento de choque) y realicé la primera pasada. Este hecho que a algunos les puede parecer trivial me costo algunos de mis primeros juramentos en arameo y copto, pues esa superficie que parecia solamente facetada revelaba tener un perfil similar a Sierra Morena u otras cordilleras de renombre.
Sin amilanarme por ello, marque las zonas más problematicas y procedi a un nuevo planificado de la chapa, con mucho amor e infinita paciencia, y luego de nuevo otro lijado de 50.
Algo debía bullir en mi mente cuando exabruptos en mongol y finlandes acudieron a mi boca. No solo el resultado seguía sin ser ni remotamente el apetecido, sino que me estaba comiendo el material que daba gusto.
En fin, de perdidos al rio, así que le di una pasada a aquello con disco de 120 y luego, a falta de discos especificos de menor grano, fabriqué uno con tela esmeril 000 y deje ambas piezas lo más pulcras posible (que no era mucho). Luego unas frotaditas de estropajo verde y WD40 y a lamentarme a otro lado (entre maldiciones en Sumerio).
2. ¡Agujeritos a mi!
Este es el paso más breve de todos, en total son 11 agujeros con una broca del 5 en las 4 piezas que conforman cada hombrera (22 agujeros, que significa 22 remaches).
La cosa no tiene más truco, marcar los agujeros iniciales en la pieza del hombro y de ahi ir bajando procurando que todos queden alineados.
Es importante no hacer los agujeros demasiado hacia el exterior para evitar que las piezas pivoten y habran boquetes entre ellas (Axil dixit), pero tampoco hay que hacerlos muy centrados, pues entonces la movilidad queda reducida dramaticamente.
Adicionalmente, haremos 4 agujeros con broca del 2 bien equidistantes en la lama más baja de cada hombrera: 2 centrados y 2 en los extremos y en la parte más baja de la lama los 4.
3. El latón peleón
Y aquí llegamos a la innovación ¿Que sería de los blogs de armadureo sin la innovación?
En este caso también queria experimentar las decoraciones de las armaduras, y francamente, grabar al ácido queda fuera de lugar en un piso de ciudad. Así que, me decidi por el latón (que casualmente tenia en plancha de 0,8 mm tirado por casa).
Lo primero es preparar la pieza de latón a colocar en 3 sencillos pasos:
Primero- Utilizando el patron de las lamas marcamos y cortamos una primera pieza, que replicamos a continuacion, ojo, es importante no cortar la pieza exacta que queremos, si no dejar al menos unos milimetros de margen para poder adaptarlo bien a una pieza de metal curvada.
Segundo: Decorar las piezas de latón, en mi caso con un cincel y un martillo hice marcas verticales (mas o menos) equidistantes. Hay que evitar emocionarse y golpear demasiado fuerte, cortar hierro con cincel es una tortura, cortar latón extremadamente facil.
Tercero: Después de repetir y decorar las piezas que nos hayamos cargado en el proceso de decorarlas del paso segundo (y soltar un par de tacos en bantú), procedemos a montarla.
Para el montado primero he perforado un solo agujero en la pieza de latón, procurando que coincida con uno de los agujeros centrales de la lama, ya que al tener la misma forma hay que hacerla coincidir lo mejor posible (de lo contrario es totalmente antiestético), perforado este agujero, preparamos nuestro remache. En mi caso unos clavitos de bronce amarillo preciosos que tenia criando polvo en casa (clack, un corte de cizalla y remache listo).
Lo siguiente es colocar este remache en su sitio, y darle unos golpes para que pase de clavo cortado a remache en activo. En este momento pasan tres cosas.
Primera: Aplastas la cabeza del remache contra la superficie dura donde lo apoyas.
Segunda: Tuerces el remache y te cargas una nueva pieza de latón al mismo tiempo que provocas un bollo a corregir en la lama.
Tercera: Los insultos en javanés empiezan a formar parte habitual de tu vocabulario.
Para corregir esto hay que tomar dos medidas, primero con una broca y mucho cariño hacer un hueco donde apoyar la cabeza del remache. Y segundo, pero no menos importante, golpear al bronce de 2 mm de diametro con muuuuuuuuucho mas cuidado que cuando se intenta remachar un clavo de hierro de 4 mm. Los desquites en serbocroata son opcionales.
Y con esto y un bizcocho, perforando los agujeros de uno en uno en el laton y adaptando tan miserrimo grosor con los mismos dedos, tenemos lo siguiente:
Ahora solo nos queda repetirlo otra vez.
5. El montado (cuero y remaches y toda la história).
Lo primero de todo, comprobar que tras tantas adaptaciones, cambios, planificadios, decoraciones, sinsentidos y palabras malsonantes en idiomas varios, la cosa sigue encajando con un mínimo de grácia.
Visto que todo esta como debe, pintaremos el interior con spray negro (no, no es histórico y si, si es práctico, mucho más que el muy histórico óxido)
Después prepararemos las tiras de cuero, procurando que las cuatro sean identicas para no dar lugar al efecto "hombrera cheposa", donde la de un lado queda mucho mas alta que la del otro.
El proceso de remache es simple, desde el interior colocamos en la lama más baja de todas (a la que las sucesivas se irán superponiendo) tira de cuero, arandela y remache por este orden.
Luego remachamos desde el exterior, intentando dejar el remache lo mas plano posible, para que no entorpezca el encaje de las lamas. Repetimos el proceso en el otro agujero.
Ahora viene el truco, colocamos la segunda lama a continuación, y fijamos un agujero con tornillo y tuerca, para que no se mueva y no se tuerza la lama (creedme que es jodido enderezar algo remachado a conciencia), y remachamos el otro agujero. Retiramos el tornillo, y repetimos.
Este paso se repite hasta llegar a la pieza del hombro, con ambas hombreras. Es posible que durante el proceso aprendais a blasfemar en idiomas tan bellos como el inuit, el maorí o el chino cantonés, merced al sacrificio de vuestras uñas y dedos.
Terminado el remachado de todas las piezas, y verificando que la cosa cuadra, procederemos a colocar las correas, una en la parte superior con su correspondiente hebilla para fijar la hombrera al gorjal y la otra (doble) en la parte inferior para atarla al brazo (tened cuidado de medir el perimetro de vuestro biceps, con gambesón y añadirle de cuatro a seis centimetros por precaución).
Y supongo que es de justicia mostrar el resultado final de tamaña obra, que nos ha hecho aprender lindezas en una variedad de idiomas inusituada.
Valga decir que no aprendimos palabras gruesas en lapón ni en swahili, debido a que la cosa al final quedo como se puede ver a continuación
Mobilidad probada, van de lujo
Valga decir que no aprendimos palabras gruesas en lapón ni en swahili, debido a que la cosa al final quedo como se puede ver a continuación

Conclusiones:
-Estoy un paso más cerca de las homberas milanesas, incluso de alguna que otra pieza algo más compleja de armadura.
-Aprender idiomas es un mundo, cierto es que la letra con sangre entra.
-Es mucho más rápido trabajar si no hay vecinos ni horarios que limiten el ruido que metes.
Y esto es todo, veremos que hacemos para la próxima.
-Estoy un paso más cerca de las homberas milanesas, incluso de alguna que otra pieza algo más compleja de armadura.
-Aprender idiomas es un mundo, cierto es que la letra con sangre entra.
-Es mucho más rápido trabajar si no hay vecinos ni horarios que limiten el ruido que metes.
Y esto es todo, veremos que hacemos para la próxima.